2015 va camino de convertirse en el año con mayor número de personas refugiadas y desplazadas de la historia.

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2015 va camino de convertirse en el año con mayor número de personas refugiadas y desplazadas de la historia. Según datos de ACNUR, 60 millones se vieron forzadas a abandonar sus hogares en todo el mundo. En estos meses más de 800.000 personas han solicitado asilo en los países europeos, y cada día, 3.000 personas intentan cruzar las fronteras de Europa. Mientras se construyen vallas y se endurecen los sistemas fronterizos, la población continúa huyendo de conflictos bélicos y hambrunas que ponen en riesgo su vida y la de sus familias, porque no hay muros que puedan frenar el derecho de las personas a encontrar un sitio seguro donde vivir.

La respuesta de Europa y del Estado Español a esta situación, de la que es en buena parte responsable, muy lejos de la obligación legal de proteger a las personas, es una muy preocupante militarización de la zona. Además, Europa ha ofrecido acoger tan solo a 160.000 personas y España a unas 15.000. En este sentido, vale la pena recordar la población refugiada que acogen países con menos recursos para atender a la población refugiada. El caso más impactante es el del Líbano, donde la población siria refugiada alcanza 1,1 millones de personas, lo que supone 50 veces más que la población acogida por toda Europa, más aún, los países empobrecidos acogen al 86% de las personas refugiadas y migrantes. Al final de 2013, los países que mayor número de personas refugiadas acogían eran: Pakistán, Irán, Líbano, Jordania, Turquía, Kenia, Chad, Etiopía, China y Estados Unidos.

Según los últimos datos de CEAR, España recibe tan solo un 0,9% de las solicitudes de asilo en Europa, y este año, sólo ha admitido el 20% de las 3.800 solicitudes de asilo recibidas.

Hay que hacer memoria por tantas veces que desde Europa hemos tenido que irnos a otros países fuera de Europa, como en los períodos de las Guerras Mundiales y Civiles. Alemania exilió a los EEUU entre 1933 y 1945 a más de 2.300.000 personas refugiadas, y España exilió durante la Guerra Civil a unas 500.000 personas a Francia, a Argelia, a México, a Argentina, a Venezuela,...

A las fronteras españolas este año han llegado nada más que 7.000 personas de manera irregular, la mitad aproximadamente solicitando asilo, y el gobierno español no ha hecho más que rechazarlos de mala manera. En el Mediterráneo se está viviendo un drama donde unos 350.000 inmigrantes refugiados están buscando protección de manera desesperada a causa de las guerras.

La mayoría huyen de países como Siria, Eritrea o Afganistán, donde su vida corre serio peligro a causa de conflictos armados muy violentos. El caso más grave es el de Siria; un tercio de los hombres, mujeres y niños que llegan por mar a Italia y Grecia proceden de este país del que han tenido que huir más de 4 millones de personas. En el camino de huída la pérdida de vidas es dramática. Se están perdiendo miles de vidas ante una Europa que mira para otro lado sin que sea capaz de proteger a las personas migrantes, refugiadas y solicitantes de asilo. Una Europa que está incumpliendo sistemáticamente los convenios internacionales asumidos en esta materia y que se aleja cada vez más de sus valores fundacionales.

El papel de Europa, de los llamados países occidentales y de las grandes potencias es sin duda muy relevante en esta cuestión, ya sea por acción o por omisión. Estos conflictos son muy complejos y en ellos intervienen múltiples factores y actores; pero hay varias cuestiones que nos deberían hacer pensar, como el hecho de quién comercializa las armas de las que huyen estas personas. ¿Por qué se han fortalecido algunos regímenes políticos de acuerdo a intereses geoestratégicos?, ¿Qué recursos están esquilmando nuestras transnacionales acabando con las fuentes de vida de muchas poblaciones?... y así podríamos seguir.

Europa tiene que asumir las graves responsabilidades políticas que tiene en el origen y desarrollo de buena parte de los conflictos, que están provocando, por ejemplo en África, un éxodo masivo. Cambiar radicalmente las relaciones económicas de intercambio desigual y los mecanismos de cooperación que privilegian a los países donantes es una obligación, y detener la venta de armas a dichos países un imperativo moral. Asimismo, se tienen que adoptar medidas coherentes para luchar contra la desigualdad, reducir la pobreza y prevenir los conflictos armados en las zonas de origen.

Asistimos a un creciente discurso tendencioso y xenófobo sobre esta crisis política y humanitaria que, aún siendo contrarrestado desde organizaciones de la sociedad civil, puede llegar a ser extremadamente peligroso en un momento en el que lo que se requiere es potenciar los valores solidarios y la cooperación entre los pueblos como herramientas para garantizar la convivencia. La sociedad europea está demostrando ya su solidaridad con quien llega a nuestras fronteras y son ya muchas las propuestas ciudadanas que en toda Europa ofrecen acoger a las personas refugiadas, pero los gobiernos no están a la altura.

Cabe señalar además, que este colectivo supone apenas el 0,027% de la población europea. Por otra parte, no podemos perder de vista que la migración contribuye al enriquecimiento de nuestros países, tanto económica como social y culturalmente. Nos encontramos en un momento en el que lo se requiere es potenciar los valores solidarios y la cooperación entre los pueblos como herramientas para garantizar la convivencia.

António Guterres, Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, recordaba recientemente que "Europa tiene una clara responsabilidad de ayudar a quienes buscan protección de la guerra y de la persecución. Negar esta responsabilidad es amenazar los pilares sobre los que se construyó con tanto esfuerzo el sistema humanitario Europeo". Eludir las responsabilidades ante una crisis política y humanitaria de tales dimensiones, muestra una Europa que desprecia profundamente sus valores fundacionales de solidaridad entre los pueblos y respeto por los derechos humanos.

Queda claro que los desplazamientos forzados de personas causados por desastres de cualquier tipo constituyen un fenómeno creciente (aunque no nuevo), con el que la política exterior europea tiene mucho que ver y que exige, ante todo y en primer lugar, políticas públicas eficaces que garanticen los derechos humanos de las personas, y asumir, frente al enfoque asistencialista y reactivo que escuchamos a diario, un enfoque de derechos humanos en la atención a estas poblaciones.

Estas personas, titulares de todos los derechos humanos, deben ser destinatarias de políticas públicas que promuevan su integración en nuestra sociedad mientras persistan los motivos que forzaron su huida, garantizando que sus condiciones de vida sean respetuosas con la dignidad humana y con el respeto a sus derechos fundamentales, siendo particularmente relevantes, dada su condición de personas refugiadas, el derecho a solicitar y obtener asilo, y facilitarles el acceso a los derechos económicos, sociales y culturales: como el derecho a la educación, a la salud, al trabajo, a un nivel de vida adecuado... es el camino y la forma más eficaz, digna y respetuosa de promover la integración social, económica, política o cultural. Acoger significa también poner en marcha las políticas públicas pertinentes para atender inicialmente las necesidades más acuciantes de estas personas.

Hay que promover políticas públicas para conformar una sociedad abierta, plural y diversa, evitando los discursos del miedo o del odio que algunos representantes políticos se empeñan en trasladar.