Lo que pasa cuando 50 mujeres deciden que ya no esperan

Mujeres indígenas de Guatemala reunidas en el grupo Betzabé
Reunión del grupo de mujeres indígenas Betzabé y Cabricán en Guatemala

En una casa de paredes azules del altiplano occidental de Guatemala, un grupo de mujeres indígenas se reúne con regularidad: una moto aparcada junto al sofá, fotos familiares en la pared, alguna con un bebé en brazos mientras escucha. Son el grupo Betzabé y el grupo de Cabricán —30 mujeres maya K’iche’ y 20 mujeres maya Mam— y llevan desde 2023 trabajando juntas por algo muy concreto: tener voz propia en las decisiones que afectan a sus vidas.

Lo que pasa cuando 50 mujeres deciden que ya no esperan
Formación en derechos humanos para mujeres indígenas en Guatemala

Mujeres indígenas de Guatemala: formación y producción propia

Hasta ahora, muchas de ellas tenían pocas oportunidades de generar ingresos propios y poca participación en esas decisiones. Junto a la organización local ADAM, están cambiando eso desde dos frentes. El primero es la formación: derechos humanos, equidad de género, organización. El segundo es más terrenal: producción propia de cerdos y aves, pensada para generar ingresos sin depender de nadie más.

«Con ese capital obtengo mis animales. Y con esas ganancias obtengo lo que es el uso de mi casa, una emergencia, medicamentos útiles para mis niños», cuenta una de las integrantes del Grupo de Mujeres para el Desarrollo de Cabricán.

No es la única que lo cuenta así. Erika Yacabalquiej, también de Betzabé, recuerda que “tiempos atrás la mujer tenía que quedar callada”, y que gracias a las capacitaciones del grupo, “ya podemos hablar, podemos opinar, podemos trabajar también en nuestras comunidades”. Regina García, compañera de grupo, lo resume en lo concreto: “con las ganancias nos sirve para comprar ropa, medicina, para pagar nuestras deudas”.

El grupo Betzabé nació en 2003 en la aldea de Chuisuc, Cantel, Quetzaltenango, con solo seis mujeres. Ana García, una de las fundadoras, cuenta que el objetivo sigue siendo el mismo: “lo que queremos es que sigamos creciendo… para tener una buena economía entre la familia, entre la sociedad, y generar más empleo entre nosotras mismas”. Más de veinte años después, ese grupo de seis se ha convertido en una red de mujeres indígenas de Guatemala que ya no esperan a que las cosas cambien solas.

Todo este proceso se desarrolla junto a ADAM, la organización local que acompaña directamente a ambos grupos sobre el terreno, y cuenta con el apoyo de la Diputación Foral de Gipuzkoa.

El cambio también empieza en casa

El proyecto también trabaja con 42 hombres, parejas de estas mujeres, en un proceso de nuevas masculinidades. La razón es simple: si el cambio no llega también a casa, se queda a medias. 

No es un gesto simbólico: implica sesiones de formación específicas para que estos hombres entiendan su propio papel en ese cambio, no solo como espectadores. La idea de fondo es sencilla: el empoderamiento de las mujeres no se sostiene si todo lo demás, empezando por la casa, sigue igual.

Hoy, las mujeres de Betzabé y Cabricán forman parte de la red «Piedras preciosas», desde donde defienden sus derechos junto a otras mujeres indígenas de la región. El proyecto sigue en marcha, y esto es solo una parte de lo que están construyendo. 

Esa red reúne hoy a mujeres indígenas de distintas comunidades del altiplano, unidas por un objetivo común: que su voz pese tanto en sus casas como en los espacios donde se deciden las políticas que las afectan. Lo que empezó como un grupo pequeño en 2003 es, dos décadas después, prueba de que ese camino es posible.

El proyecto cuenta con financiación de la Diputación Foral de Gipuzkoa y aporte local, con un presupuesto conjunto de 110.207,86 €.  

Si quieres consultar los datos técnicos completos del proyecto, puedes leer el artículo original aquí.